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La Francia mata a las putas

Sindicato OTRAS
Publicado de en Articulo · 23 Febrero 2020
En la madrugada del 21 de febrero fue asesinada en el bosque de  Boulogne en París, Jessyca Sarmiento, compañera trabajadora sexual e  inmigrante de origen peruano.

La muerte trágica y violenta de Jessyca  quien fue atropellada voluntariamente por un automóvil, se suma a la  lista de trabajadoras sexuales que han perdido la vida por el simple  hecho de ser mujeres y trabajadoras sexuales, y que configura a Francia  como uno de los países en donde más se matan putas en el mundo. Y es  cierto, Francia mata a las personas trabajadoras sexuales al no  reconocer el trabajo sexual como una profesión y al no brindar garantías  a quienes lo ejercemos, pues para el estado francés, las putas somos o  delincuentes o victimas pero no personas pertenecientes a la clase  trabajadora.

En abril de 2016, Francia adoptó el modelo sueco para  combatir la explotación sexual, fue promulgada la ley de penalización de  clientes y se implementó un dispositivo social de política pública para  acompañar a las personas a salir de la prostitución. Es decir, Francia  copia un modelo que ha demostrado ser ineficaz durante 20 años en  Suecia, todo con el fin de abolir la explotación sexual, asimilando  trabajo sexual a trata de personas y esclavitud sexual y convirtiendo  así a nuestros clientes y redes de apoyo en explotadores sexuales.

La batalla contra el estado francés por parte de asociaciones  conformadas por trabajadoras sexuales y otras organizaciones aliadas ha  sido significativa. En 2018, Médicos del Mundo–Francia publicó un  informe que detalla los efectos negativos de la ley de penalización de  clientes en la calidad de vida de las personas trabajadoras sexuales:  precarización laboral, aumento en los índices de violencia, de  infecciones por VIH, y un recrudecimiento del estigma contra nuestro  oficio, entre otros. Sin embargo, el gobierno hizo caso omiso de las  evidencias y recomendaciones de este importante documento y continúa con  la implementación de la ley y del dispositivo de política pública  abolicionista; un dispositivo que está cargado de incongruencias y  contradicciones:

Si una persona quiere salir de la prostitución recibe  el acompañamiento por parte de las asociaciones de corte abolicionista  quienes son las que ejecutan el presupuesto anual estatal de casi 10  millones de euros para salvar a las putas de la mala vida; asociaciones  estas generalmente de origen católico como el Movimiento del Nido, entre  otras. La persona se compromete a salir de la prostitución y a cambio  recibe 330 euros al mes, vivienda y un permiso de residencia renovable  cada tres o seis meses. Así las cosas se trata de una medida de carácter  “social” que perpetúa el ciclo de pobreza, pues con esa cantidad de  dinero es imposible vivir un mes en Francia y con un permiso de  residencia de unos cuantos meses es difícil que una empresa nos  contrate.

Cabe mencionar que las personas beneficiarias de este  dispositivo no alcanzan a ser algo más de 50. Una inversión de 10  millones solo para atender a 50 personas, suena extraño…

Y la  implementación de leyes contra el trabajo sexual no se detiene,  actualmente estamos a la espera de la promulgación del paquete legal de  moralización de la sexualidad y control del internet. La pornografía  será estrictamente vigilada en aras de proteger a la infancia y será  prácticamente imposible publicar nuestros anuncios y realizar  actividades de marketing relacionados con nuestra profesión. Francia se  configura actualmente como el laboratorio donde se están testando  políticas contra el trabajo sexual que seguramente serán replicadas en  muchos países del mundo, con el discurso barato de que somos el país de  los derechos humanos.

Sí, el país de los derechos humanos donde matan a las putas.

Es realmente desgarrador oír las voces de mis compañeras que trabajan  en el bosque de Boulogne y quienes relatan las condiciones precarias en  las que ejercen estando expuestas a bandas delincuenciales, a un  exagerado control policial y siendo obligadas a pagar costosas multas de  carácter municipal por estacionar sus vehículos en la vía pública.


El  bosque de Boulogne

En  la noche del 21 de febrero, la asociación Acceptess-T, en cabeza de su  directora, Giovanna Rincón, realizó una actividad para honrar la memoria  de nuestra compañera Jessyca. Para nuestra comunidad es doloroso  rencontrarse en este tipo de actividades; hace dos años estábamos  llorando la muerte de Vanesa Campos, otra mujer transgénero, también  peruana que fue asesinada a bala en el bosque, delito que gracias a la  movilización de las asociaciones sigue en investigación judicial y que  nos mantiene en la expectativa por el tipo de condena que recibirán los  autores materiales (feminicidio, transmisoginia, concierto para  delinquir, etc..) Una cosa si es cierta:

La Francia mata a las putas y a  nadie le interesa la muerte de una puta y menos de una puta inmigrante y  menos de una puta transgénero inmigrante.
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No olvidaremos a  nuestras muertas: Jessyca, Vanesa, Anne-Laure, Olivia, Alais y aquellas  de nombre desconocido que hacen parte de una lista de feminicidios que  aumenta ante el silencio de las autoridades públicas y ante la  re-victimización por parte de algunos medios de comunicación que  publican noticias cargadas de estigma, transfobia y putofobia.

Por Juan Florian, activista de STRASS



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