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CRÓNICA DE PROSTITUCIÓN

Sindicato OTRAS
Publicado de en Articulo · 13 Febrero 2020
Acudí a ver la obra teatral Prostitución, de Andrés Lima, junto a otras tres compañeras del Sindicato Otras y la periodista de El País, Raquel Vidales. Después de dos semanas, asistí a un taller de hora y media en el Teatro Español, en él tuvimos ocasión de hablar con el equipo técnico. Tras digerir ambas experiencias, estas son algunas de mis reflexiones.
 
 
La obra resulta tendenciosa y capciosa desde la primera escena en la que Carmen Machi le pregunta a una de las prostitutas si tiene amistades. Se nos presenta en todo momento como personas aisladas, solitarias y apartadas. Una cosa es el estigma tan fuerte y doloroso que sufrimos las trabajadoras sexuales y otra cosa muy distinta que seamos extraterrestres. Por supuesto que tenemos amistades y familia y relaciones sexoafectivas y criaturas y algunas hasta mascotas. Parece mentira que haya que decir esto. Parece mentira que haya que decir que somos personas.
 
 
No solo vi la obra, sino que acudí a un taller que se realizó en el teatro y en el que tuvimos ocasión de hablar con el equipo técnico (director, productor, escenógrafa, técnico de luces, sonido, ayudantes de dirección, etc.). Así que no me invento nada cuando reproduzco literalmente frases que escuchamos como: “Quería representar algo frío y sórdido que asocio al Polígono de Villaverde”; “alquiler y consumo del cuerpo”.

Señor Lima, no me diga que en la obra no hay una postura porque sí la hay, está constantemente presente en cómo han tratado ustedes el tema. Usted me rebatió que el público fuese a sentir lástima o pena tras ver la obra porque eran personajes fuertes, como si ambas cosas fuesen incompatibles. Yo tengo muy claro que, efectivamente, usted mostró mujeres poderosas; lo que también hizo, (quizá sin proponérselo), fue generar una mirada de lástima, de incomprensión, porque en ningún momento se reflejó que ser fuerte, inteligente, valiente, divertida y capaz NO está en absoluto reñido con dedicarse a la prostitución como decisión personal adulta.

Eso, exactamente eso, es lo que yo, como prostituta le reprocho, que la gente salga pensando cosas tales como: “¡ay, con lo lista que es, con lo simpática, con lo joven, con lo vieja…!”. Póngale todo lo que quiera detrás, eso en mi pueblo se llama lástima.
 
 
Echamos mucho de menos también que, en lugar de “escenificar” a un personaje trans, se hubiese contado con una actriz de este colectivo, que las hay. Sé que la respuesta inmediata podría ser que las actrices y actores representan, simulan, hacen como y que, si todos los colectivos piden representación y presencia escénica, tal vez se perdería esa libertad artística y la esencia misma de la profesión. Les diré que las personas trans padecen un paro estructural de entre el 80 y el 85% y son las mujeres trans quienes más lo sufren. Es ese el motivo por el que muchas recurren a la prostitución como una fuente de ingresos asequible. No me parece descabellado, desde estas premisas, haber contratado a una actriz de este colectivo.
 
 
Mucho más graves me parecen tres momentos muy concretos de la obra: la escena de la violación de Virginie Despentes, la escena de la agresión que relata Machi y que luego se escenifica y, finalmente, la última escena donde se proyecta la imagen de una menor.
 
 
La primera, absolutamente descontextualizada. Por un lado, la protagoniza una actriz distinta a la que hace de Despentes, lo que ya puede llevar a equívoco por no asociar ambas experiencias como la misma. Y, por otro lado, se entremezcla con el monólogo de Nathalie Poza como Amelia Tiganus, en el que también narra su propia violación; de lo que desde luego ustedes no dejan lugar a duda es de que la prostitución es violencia y violación, y equiparar esos dos términos y decir que prostitución es igual a violación es una de las cosas más irresponsables que se pueden hacer. Por un lado, da a entender que no somos mujeres adultas con plena autonomía y dominio de nuestras decisiones de nuestro cuerpo. Y, por otro lado, ante esa premisa nos deja en una situación de máxima vulnerabilidad pues lanza el mensaje de que a las putas se nos puede violar, total, para eso nos pagan. Por favor, no sigan tratándonos como tontas, sabemos lo que vemos y sabemos cómo se arman los discursos y cómo se generan las líneas de pensamiento. Teoría King Kong no es precisamente un libro generalista y divulgativo que la mayoría de las personas se hayan leído, ni mucho menos. Y eso usted lo sabe perfectamente, señor Lima, así que dejar esa escena ahí en medio, sin ponerla en contexto y quitando frases fundamentales del libro, cuanto menos me hace dudar de su intención.
 
 
La segunda escena, innecesaria, amarillista, buscando la fibra, la congoja y la lágrima. ¿De verdad era necesario recrear una escena que segundos antes nos había contado tan bien y con tanta intensidad Carmen Machi?

Por lo visto no era suficiente, había que insistir aún más para que quede bien claro que nuestro trabajo es foco constante de violencias y desagravios. No es cierto, señor Lima, no lo es. Hacer creer que la prostitución es el culmen de toda violencia machista, que es intrínsecamente violenta y patriarcal es completamente falso y de un reduccionismo atroz. La violencia patriarcal es transversal y como tal afecta también al trabajo sexual, efectivamente, no seré yo quien lo niegue. Sin embargo, hacer pasar el trabajo sexual por el germen, el núcleo, sobre el que toda la violencia gira, eso de ningún modo, basta ya. Preguntemos a todas las mujeres si alguna vez se sintieron violentadas, acosadas, incómodas, menospreciadas y un largo etcétera en sus lugares de trabajo. Pocas encontraremos que digan que no, jamás, nunca. Un poco de perspectiva, por favor.
 
 
Y, por último, la escena final de la obra. Dijo usted en ese encuentro con el público que, puesto que trataba de mostrar todos los aspectos de la prostitución, también incluyó la prostitución de menores. Eso que usted reflejó, en ningún caso es prostitución, es un delito gravísimo y atroz que se llama pederastia y que, en ocasiones, puede ir unido a un delito de trata con fines de prostitución forzada.

Lo que yo vi fue una mezcolanza sin explicaciones, sin distinciones, de temas desconocidos para la inmensa mayoría de la población. Por tanto, es fácil deducir que, si todos esos temas los juntamos bajo el título de Prostitución, lo que queda en el imaginario colectivo es que todo eso que hemos visto viene a ser lo mismo. Parece que no ha comprendido la tremenda responsabilidad que alguien de su posición tiene cuando habla, cuando escribe y cuando pone sobre escena. La misma responsabilidad que tiene cuando dijo que la prostitución consiste en una relación de dominación y sumisión.  Así que vuelva a explicarme cómo es eso de que la gente no sale pensando que pobrecitas putas, cuando están sometidas a un régimen de dominación y sumisión. Por favor, señor Lima, basta ya de tomarnos el pelo.
 
 
Quisiera finalizar con las palabras de Beatriz San Juan (escenógrafa), quien explicó que habíapuesto detalles infantiles (peluches) en la reproducción de una habitación de club porque consideraba que a las prostitutas “algo se nos había robado en la infancia”. Pero no, ustedes no estaban de ninguna manera poniendo en escena su propia opinión, para nada. Ustedes simplemente han expuesto las distintas vivencias, opiniones y realidades; claro que sí, todo muy aséptico y sin connotaciones. Lo que yo he visto es una gigantesca ensalada, aliñada a su antojo y gusto, y allá se las compongan quienes vengan detrás. Bendita irresponsabilidad.

Por Belén, delegada territorial  de OTRAS por Madrid



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